Buenas, mis queridos lectores. Bienvenidos a la recuperada sección del martes sobre tecnología y otros cachivaches. Hoy tenemos con nosotros a la nueva y flamante tecnología de imágenes tridimensionales en el cine y la televisión, un avance en entretenimiento familiar que hará las delicias de pequeños y mayores, y es que por fin podremos ver en tres dimensiones nuestra película favorita, el partido de fútbol de los domingos, aquella presentadora de noticias a la que tanto queremos, e incluso quien sabe, con el tiempo incluso entretenimiento adulto.

El cine en 3D que llega a nuestro país usa una tecnología que aunque insistan en que es novedosa, lleva más de 10 años en uso en el sistema IMAX. Las imágenes en tres dimensiones llegan a nuestros ojos a través de la increíble (aunque algo tosca) técnica de las gafas con lentes polarizadas
RealD 3D™. El proyector emite dos imágenes, una para cada ojo, a la pantalla de cine. La luz rebota en la superficie de la pantalla y llega hasta el espectador. La emisión de luz para cada ojo se proyecta específicamente para que cuando pase a través de las lentes de estas gafas cada ojo vea una imagen distinta, creando el efecto espacial, de perspectiva, en la imagen final (espero haberme explicado bien, esto es un pelín complicado para un profano en la materia, si alguien quiere ofrecer una explicación técnica, bienvenida sea, aunque
Wikipedia ofrece una bastante completa).
Esta técnica, aunque lograda, ofrece algún que otro problema, que se hace especialmente presente especialmente cuando se supone que las imágenes deben ofrecer un primer plano, en 3D, de un objeto para crear el espectacular efecto de "objeto que sobresale de la pantalla hasta casi tocarte", que a tantos hace babear y exclamar interjecciones de asombro. Calquier imperfección en el sistema, ya sea el cambio en el ángulo de visión o un fallo del sistema de proyección, o el material de la pantalla, hace que se mezclen las imágenes, haciendo que veamos una imagen "fantasma" que desluce el efecto tridimensional que se pretendía alcanzar. Además, los frecuentes cambios de plano y de perspectiva en las cámaras usadas para rodar la película influyen notablemente en el nivel de profundidad de cada secuencia, especialmente si no se ha rodado específica y adecuadamente para su proyección en 3D.

Existe otro sistema de proyección en 3D que ofrece un efecto más perfecto y fiable, que a diferencia del sistema de lentes polarizadas, con unas gafas baratas y que ofrecen el efecto de una forma pasiva, se encargan de recrear las 3 dimensiones de forma activa, a través de unas gafas que llevan lentes de LCD, una batería y un sensor de infrarrojos que se sincroniza con el parpadeo de las imágenes en pantalla, haciendo que las gafas se oscurezcan o se aclaren según la frecuencia de imagen ofrecida. Después de todo este proceso que al leerlo suena complicado, la imagen que llega a nuestros ojos es mucho más realista, y libre del dichoso efecto de la imagen fantasma que crea el sistema Real D. Eso sí, este sistema es mucho más costoso. Y lo curioso es que es el sistema que han adaptado los fabricantes de las 3D TV como Sony o Samsung, siendo el más caro posible. Y lo peor es que solo se incluyen unas gafas por TV. Si una familia desea comprar gafas para todos sus miembros, deberán añadir al menos unos 150 € por cada par de gafas extra.

He tenido la oportunidad de probar los dos sistemas, tanto el RealD 3D como el de gafas activas, y la diferencia es, para mí, clarísima, a favor del sistema de gafas activas. Aunque sinceramente os digo que el 3D no ha calado tanto como sus fabricantes deseaban, sea ya por la crisis económica o porque a la mayoría de personas les da igual ver una película en 3D o verla en las tradicionales 2D. Personalmente, prefiero un sistema de alta definición en 2 dimensiones, porque el efecto que se puede crear en una pantalla de televisión no es ni de lejos tan espectacular como pretenden.
Y vosotros, ¿qué opináis?
Hasta la próxima entrada!